Alaridos de Terror

TítuloAlaridos de Terror

Autor: José Manuel Busso; D.R. © 2013-2017

Categoría: Leyendas Urbanas Cortas

 

El relato que a continuación les vamos a presentar está muy relacionado con una de las leyendas urbanas de terror más populares que se cuentan en México. Tal vez en el folclore hispanoamericano existan historias muy parecidas a la que esta vez les ofrecemos. Sin más preámbulo aquí se las dejamos, esperando que la disfruten.

En una modesta casita cerca del arroyo, vivía un joven matrimonio. José y Estela era una pareja que apenas había cumplido un par de años de estar juntos y aunque el marido tenía fama de ser un tanto machista y tosco con su mujer, en esa relación aparentemente reinaba la cordialidad.

Hacía tiempo que los padres de Estela sabían de la “reputación” de su yerno y aunque siempre estaban pendientes de su hija, optaron por mantenerse al margen de todo aquello; pues eran conscientes que los chismes y las envidias, invaden a los pueblos como la mala hierba a las parcelas.

Leyendas Urbanas Cortas - Alaridos de Terror

Era temporada de lluvias casi al anochecer; el cielo se había encapotado y de inmediato un grupo de nubarrones llenó de penumbras aquella región. Los impetuosos relámpagos y estruendos, anunciaron que una tempestad estaba por llegar.

Alaridos de Terror es una de las leyendas urbanas cortas que ha sido escrita por José Manuel Busso. Esta historia de miedo está basada en un relato real y fue adaptada ligeramente para la publicación en este sitio.

 

Y así fue, los embates de la naturaleza dejaron al pueblo sin energía eléctrica y éste se sumió en una profunda oscuridad acompañada de torrenciales aguaceros. Después que todo terminó, la tranquilidad se adueñó del lugar y el murmullo del agua en el arroyo comenzó a arrullar el sueño de los pobladores.

Doña Crucita mamá de Estela se disponía a dormir, cuando de pronto, al escuchar algo inexplicable se incorporó de inmediato y preguntó preocupada a su esposo.

—¿Oyes… oyes Máximo?

—¿Qué mujer? —respondió el marido un tanto amodorrado.

—Allá por donde vive mija se escucha que lloran muy feo —repuso intranquila la señora.

—Son tus figuraciones vieja… ya duérmete —murmuró aquel hombre arrebujándose en las cobijas.

Crucita aguzó el oído y supo que no era su imaginación. Lo que había escuchado era algo horripilante, estaba segura que eran lamentos de una mujer y eso la llenó de angustia. De inmediato recordó lo que se decía de su yerno y entonces se dio cuenta que los lloridos llegaban desde el rumbo en donde vivía su hija.

—¡Párate viejo! —dijo mientras se ponía los zapatos—, allá está aquel bruto matando a Estela, vamos a quitársela si no sabrá Dios que pueda pasar.

Don Máximo que se había mostrado algo incrédulo, al fin pudo escuchar el clamor al que se refería su esposa y como impulsado por un resorte también se levantó. De inmediato se dirigió a buscar un machete y luego ambos caminaron en la oscuridad para ir al rescate de su hija.

Mientras avanzaban en las sombras de la noche, se dieron cuenta que los llantos de dolor seguían escuchándose y conforme se acercaban a su destino se podían oír más fuerte aumentando su angustia. Al estar frente aquel domicilio, tocaron con gran desesperación la ventana de madera y exclamaron:

—¿Hija estás bien?, ¿qué te está haciendo ese infeliz?… ¡venimos por ti a salvarte!, ¡José… ya no le hagas daño a nuestra muchacha!

Estela un poco adormilada, se levantó para abrir el postigo y le dijo a sus padres que nada malo pasaba, luego les pidió que estuvieran tranquilos y que regresaran a casa.

Al darse cuenta que todo estaba bien, un escalofrío les recorrió por el cuerpo haciendo que el miedo se apoderara de ellos. Llenos de pavor descubrieron que los lamentos tan tristes que escucharon eran los de alguien más. No había duda, se trataba de la llorona que con horripilantes alaridos de terror se quejaba amargamente por la pérdida de sus hijos.

La macabra sorpresa los había dejado estupefactos, pero debían reaccionar si es que querían volver a casa. Mientras caminaban de regreso, sintieron que se les erizaban los cabellos y algo les soplaba en la nuca; quizá se trataba de un espectro del más allá, tal vez un ser de otro mundo o acaso la llorona, que se confabularía con aquella noche siniestra; para hacerles pasar momentos espeluznantes.

Si te gustan las leyendas urbanas cortas que narran historias de miedo reales, te invitamos a leer otros relatos y cuentos de terror que tenemos publicados en nuestra web y a compartirlos con tus amigos.

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