Corazón Azul – Segunda Parte

TítuloCorazón Azul – Segunda Parte

Autor: Juan Pablo Rivera; D.R. © 2013-2017

Categoría: Cuentos Sobre el Respeto

 

Antes de continuar leyendo la segunda entrega, de uno de los cuentos sobre el respeto más bonitos que se han ofrecido en nuestro sitio; te invitamos a disfrutar la primera parte de Corazón Azul. Esta bella historia llena de aventuras, también aborda temas acerca del cuidado y el amor a los animales. Sin más preámbulos aquí te presentamos la conclusión del relato.

Cuando bajó la intensidad solar y antes de que los pubertos engancharan el rústico vehículo, Azul se mostraba incómoda, podía verse el “tic” nervioso recorriendo la piel de la mula. Con una sonrisa divertida, subieron los hermanos a la parte frontal de aquella pieza de “folclor rodante”; confeccionada con maderas de Álamo Negro, Fresno y Encino.

Enrique arreó con suma amabilidad el animal, tratando de dar tranquilidad al abuelo, y se alejaron muy despacio por el camino principal de “Las Caléndulas”.  Después de 10 minutos, ajustaron el andar hasta llegar al trote, para posteriormente subir por el bordo del canal de riego principal con rumbo a los agostaderos.

Mucho antes de abandonar el camino, se les emparejo Raúl y Cristino en otro carretón jalado por un brioso potrillo. En tono de burla el par de mozuelos retaron a Enrique para jugarse el “honor” en una carrera. El jovencito irresponsablemente, aceptó el desafío sin medir las consecuencias. Emparejaron los vehículos al tiempo que Felipe cortaba una larga vara de Guácima para usarla como fuete.

Cuentos Sobre el Respeto: Corazón Azul - Segunda Parte

Con gran sadismo, el más joven golpeó las ancas de Azul, para hacerla responder al tiempo que lanzaba un relincho ensordecedor. La mula instintivamente corrió a gran velocidad, tal vez pensando que en su loca huida dejaría atrás aquel tormento.

Estás leyendo la parte final de uno de los cuentos sobre el respeto a los animales, correspondiente a una bella y triste historia reflexiva, que está llena de aventuras y nos entrega varios aprendizajes. Se intitula Corazón Azul; es un relato original de Juan Pablo Rivera, que ha tenido pequeñas adaptaciones para ofrecerlo en este sitio.

 

Felipe no cesaba de golpear inhumanamente al animal, después de recorrer casi tres kilómetros a toda velocidad y con más de tres cuerpos de desventaja, Enrique detuvo la marcha ante la algarabía de sus rivales que se alejaron gritando y festejando el “triunfo”.

Resoplando y dando tumbos, Azul dobló como de costumbre a la derecha, para seguir el callejón que conducía al agostadero; pero algo estaba mal, no tenía ni siquiera ganas de comer de aquella rica pastura . Su corazón latía sumamente despacio, sin fuerza.

De regreso, Felipe tiró el improvisado látigo entre la maleza que bordeaba el cauce del canal. Al llegar a casa trataron de simular que no había pasado nada, descargaron los tercios de alfalfa, desengancharon y bañaron delicadamente a Azul, cenaron y se dispusieron a descansar.

Una gran cantidad de nubarrones circundaron el cielo provocando una tormenta. Esa noche, para Teo fue demasiado larga, no pudo conciliar el sueño, algo malo se respiraba en la atmósfera.

Al día siguiente, fue Enrique el que encontró el cuerpo inmóvil y frío de Azul; la expresión de sus ojos, indicaba que había agonizado en silencio durante toda la noche. Avisó a Felipe, quien abruptamente le dio la noticia al abuelo de lo ocurrido.

Teo no dijo nada, se dirigió a la caballeriza y se encerró con Azul, la analizó de cabo a rabo, descubriendo las llagas que le provocaran los latigazos, derramó unas cuantas lágrimas y posteriormente le habló al dueño de la “Veterinaria el Rastro”; quien se encargó de levantar el cuerpo del animal y llevar a cabo su cremación. En un tazón metálico le entregaron las cenizas a Don Teo, quien se mantuvo en silencio sin cruzar una sola palabra con sus nietos.

El día 3 de septiembre, el viejo se bañó y se vistió con las mejores galas, tomó lo que quedaba de Azul y se dirigió a San Román, dispuesto a legalizar sus deseos póstumos, su mirada tenía un brillo extraño, diferente, se podía ver el reflejo de paz y esperanza en ella. Después de hacer lo conducente, llegó alrededor de las 6 de la tarde a su casa, se tomó una taza de té de manzanilla y sin dirigir siquiera una mirada a los muchachos se introdujo en su habitación.

Se sentó en una esquina de la cama, profirió algunas plegarias al cielo y se recostó sin desvestirse. Así fue como Teo materializó su última noche en este mundo. Todos sus hijos llegaron a tiempo para velar sus restos y posteriormente sepultarlo junto a Jovita.

A la gente que se hizo presente, le llamó la atención que el Lic. Roberto Garay leyera unos versos cursis e irregulares, para posteriormente esparcir las cenizas de Azul sobre el ataúd:

«Voy llegando, a donde el campo reverdece
Con solo levantar mi mano, gustosa me obedeces
Mi tiempo ya no es tu tiempo
Solo es un momento eterno
Que Juntos compartimos en el viento».

 Al escuchar las frases, Julia gritó exagerando el dolor que estaba muy lejos de sentir, fingió un desmayo para representar el cuadro perfecto de la hija prodigio, la pequeña de amor innegable e incondicional.

Al término del sepelio, el Lic. Garay reunió a los cuatro herederos para comentarles que tenía por Ley que leer la última voluntad de su padre. Fijaron fecha y hora para una reunión en su despacho, esperaban grandes sorpresas, mas nunca se imaginaron lo que se les había reservado.

Vestidos con atuendos fúnebres, los cuatro herederos con sus respectivas parejas; llegaron puntuales a la oficina de la Notaría de San Román. De inmediato, la secretaria los hizo pasar al Salón de Juntas, al tiempo que les ofrecía un café con galletas. Una vez que todos estuvieron sentados cómodamente, Roberto y su asistente hicieron acto de presencia, para tomar sus lugares y empezar con la lectura de la “última voluntad” de Teodoro.

—Seré breve —comenzó la lectura el jurisconsulto—. Teodoro Carraza Peinado, dejó su voluntad escrita en el presente Testamento; que me confió pleno de sus facultades mentales para que se cumpla. Lo que aquí se describe y se ordena, es de carácter inobjetable de acuerdo a las Leyes vigentes que regulan nuestro estado de Derecho.

«—Siendo las 11:30 horas del día 03 de Septiembre del año 19XX, yo, Teodoro Carraza Peinado en pleno uso de mis facultades mentales, y por así convenir a mis intereses, he decidido que, después de abandonar este mundo material es mi deseo repartir mis bienes entre los derechohabientes que aquí expongo: (todos los presentes se mostraban nerviosos y ansiosos).

1. Para todos mis hijos: La finca rural que se ubica en el Rancho “Las Caléndulas”, deseo que sea vendida y lo que se obtenga de ella después de los gastos inherentes, sea repartido entre ellos en partes iguales.

2. Sobre las cuentas bancarias a mi nombre, es mi voluntad que sean transferidas en su totalidad al Orfanato Infantil “Mariposas”.

3. Por último, la suma total que se obtenga por la venta de la parcela y del agostadero; deberá depositarse en un Fideicomiso para ser destinado al cuidado de los animales desprotegidos».

Y cerrando violentamente el libro, el Licenciado dijo:

—Eso es todo, fin de la lectura —habló secamente—. Mi asistente les pasará el anuario para que lo firmen de conformidad. Con su permiso y que tengan un excelente día —remató el abogado.

Todos firmaron desilusionados aquel irrefutable pedazo de papel en el acto, excepto Julia; quien se desmayó en serio y tuvo que ser llevada al hospital para ser atendida. A pesar de que se negó a regresar a la Notaría para rubricar el libro, le fue llevado el tomo a domicilio por un Actuario “de armas tomar” quien la tuvo que declarar en rebeldía para poder cumplimentar el Laudo.

La tumba de Don Teo y Jovita pasaría siempre vacía e inadvertida; a no ser porque una persona de edad avanzada continuamente la visita y deja en la lápida un nutrido ramo de rosas blancas entremezcladas con varitas de Alfalfa.

FIN

Si te gustan los cuentos sobre el respeto y el amor a los animales, entonces no dejes de visitar nuestro sitio; en donde podrás encontrar más historias reflexivas cortas que te aportarán bellos mensajes.

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