De León Bravo, a Gatito Manso

TítuloDe León Bravo, a Gatito Manso

Autor: Juan Sainz; D.R. © 2013-2016

Categoría: Cuento Gracioso Corto

 

Esta historia que a continuación les ofrecemos es un cuento gracioso corto que quizá pueda tener cierta similitud con la realidad. Lo que se narra, se presenta como algo curioso o chusco para reírse un rato y pasar un momento divertido.

De la cantina “El Muladar” sacaron a rastras a dos pescadores que llegaron a beber desde muy temprano, sumamente golpeados, parecía que los había tomado por sorpresa algún tornado y quejándose copiosamente pidieron los servicios de un taxi.

Con grandes dificultades se treparon ante la mirada curiosa de los que estaban afuera del lugar. Después, el vehículo se alejó desapareciendo rápidamente entre la brisa nocturna de aquel mes de diciembre.

Dentro del tugurio, el personal de servicio aún estaba acomodando las sillas y las mesas que habían quedado regadas por el suelo, la gente se arremolinaba como pequeñas “células” cuchicheando sobre lo que hacía unos instantes, atestiguaran.

Cuento Gracioso Corto - De León Bravo, a Gatito Manso

De los sanitarios olorosos a “lavanda” salió “Cázares” como un héroe, como el “juez y ejecutor” de los malos comportamientos de los que no bebían en calma. Arremangándose con un doblez las cortas mangas de su ajustada playera, hizo un gesto y de inmediato los meseros se pusieron a sus órdenes.

De León Bravo a Gatito Manso es un cuento gracioso corto escrito por Juan Sainz que ha sido modificado ligeramente, con el propósito de publicarlo en Masrelatosycuentos.

 

Cázares era un “tiburón de barrio”, representaba al pachuco en decadencia de los años sesenta, líder de la “palomilla”, considerado “el rey”, peleador callejero excepcional, buen bailarín, galán de las mujeres, caballeroso, gran amigo e indeseable enemigo, fanático del billar. Las veces que se atrevieron a vacilar sobre sus capacidades de pelea, disipó con golpes las dudas de sus adversarios.

Dentro de la pandilla que comandaba Cázares destacaban su compadre “Chicha”, el segundo al mando, quien trataba siempre de imitar los pasos del jefe pero a diferencia de él, era sumamente presumido, arrogante, cruel y despiadado con sus enemigos.

El tercero a “bordo” podría decirse que era “Chayo” un tipo duro, curtido, salido de uno de los ranchos más cercanos a la ciudad y que desde hacía un tiempo había cambiado el polvo y las piedras por el pavimento de las calles.

José, Jesús y Juan, gustaban de visitar la ciudad para pasear, jugar billar y beber en las cantinas. Los tres eran amigos inseparables desde pequeños. Convertidos en adultos jóvenes, el rancho les había quedado chico para sus diversiones y encontraron en la ciudad el lugar ideal para retozar y pasarla bien.

Jesús era el más divertido, acostumbrado a la burla y a los albures representaba al bufón del trío. Juan era muy serio, con ideas firmes sobre la vida y los negocios, siempre pensaba en cómo hacer dinero sin trabajar mucho. Por último, José que era el medio hermano menor de Chayo, había crecido bajo la sombra y los ejemplos de este último.

José era sumamente visceral, explosivo y casi siempre terminaba golpeando a alguien, en alguna fiesta o reunión sin importar cuál fuera la razón; no podía controlar su temperamento y en el rancho, nadie quería hacerle frente ni convivir con él.

Toda la gente decía que era un “chile chiltepín” y evitaban siempre, hablar cuando José estaba presente, por temor de que quisiera agarrarlos a golpes por cualquier pretexto. A pesar de ser como era, éste se llevaba muy bien con Jesús y Juan a quienes les aguantaba hasta cierto punto, sus bromas.

Tres horas de billar jugaron aquella tarde, Jesús, Juan y José, después, decidieron tomarse unas cervezas en aquel mismo sitio. Iban por la cuarta cerveza, cuando escucharon a manera de susurros lo que decían algunas personas en la entrada del local.

«¡Aguas!, ¡ahí vienen!, no vayan a decir algo que los enfade»

Como personajes extraídos de las historietas de Kaliman y de Águila Solitaria, hicieron su aparición Cázares y el compadre Chicha, vistiendo como siempre sus ceñidas playeras al puro estilo de “Pepe el Toro”.

Como era costumbre, Cázares saludó a los presentes agitando su mano derecha al viento como lo hace un político ante sus seguidores, para después, solicitar la mejor mesa de carambola.

Al fondo pudo ver a Juan, Jesús y José a los cuales conocía por medio de Chayo. Decidió saludarlos estrechando sus manos, y se dirigió a la mesa donde estaban bebiendo, mientras que su compadre Chicha escogía los “tacos y las tizas” con las que habrían de jugar.

Saludó a los tres y en especial se dirigió a José, dándole una palmadita en la espalda al tiempo que decía.

—¿Cómo estás “Garbancillo”?… porque este tipo, es como los garbancillos que tiras al piso y explotan —dijo, dirigiendo la mirada a Jesús y Juan.

Luego riéndose sin dejar de palmearlo agregó:

—Es muy bravo… ¿Verdad Garbancillo?

Después, se despidió amablemente para dirigirse a la mesa donde ya lo esperaba su compadre.

Jesús y Juan no daban crédito de lo presenciado segundos antes, José, “el león”, “el inburlable”, “el pocas pulgas” ni colorado se había puesto cuando Cázares le dijo en tono de burla: “Garbancillo”.

En otra circunstancia, en otro tiempo y en otro momento, lo mínimo que José hubiera hecho era quebrarle la botella de cerveza en el rostro no sin antes propinarle una severa golpiza y dejarlo reducido a nada tirado en el piso, pero “extrañamente”, no había “ni respirado”; al contrario parecía complacido de aquel apodo y de las palmadas que le dieran.

Jesús no aguantó más, y empezó a hacer comentarios en tono de burla.

—¿Oye José?, tan canijo y bravo que te comportas con todos, nadie puede decirte algo porque luego empiezas a repartir golpes a diestra y siniestra y ahorita que vino Cázares y te dijo todo eso ni “pío” dijiste…

—Es que no le puedo hacer nada a Cázares, es muy amigo de mi hermano Chayo, son de la misma palomilla, ¿qué quieren que haga? —dijo José a manera de disculpa.

—“¡No pos sí!”, mírale nomas esos brazos de marinero, mira ese duro abdomen, súmale el físico impresionante y si a eso le agregamos la fama “bien ganada” para pelear que tiene; Cázares también es muy amigo mío —agregó Juan con cierto sarcasmo.

Tragando saliva José se limitó a decir: «Apuren su cerveza que se nos está haciendo tarde».

Si has disfrutado de este cuento gracioso corto y te gustaría seguir leyendo otras historias divertidas entonces te invitamos a seguir visitando nuestro sitio en donde encontrarás más cuentos para reír.

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