El Administrador de los Sueños

TítuloEl Administrador de los Sueños

Autor: Juan Pablo Rivera Machado; D.R. © 2013-2017

Categoría: Cuentos Bonitos

 

Convencidos de continuar ofreciendo cuentos bonitos que sean de gran aporte para nuestros lectores; esta vez les traemos una linda historia de reflexión que esperamos sea de su agrado. Sin más, aquí se las presentamos.

El Pueblo denominado “El Cobrizo”, queda a 20 kilómetros de la carretera Transnacional que, si se conduce en coche de Sur a Norte habrá que desviarse a mano izquierda y enfrentarse al escabroso camino de terracería; cuyo empedrado filoso machaca la cinta de caucho de las ruedas del vehículo.

Al arribar al poblado, puede verse una ligera mancha de casas con sus tejados color ladrillo; que le dan un toque mágico al escenario y le permiten al visitante, retroceder cien años para sumergirse en el nostálgico tiempo donde la tecnología era cosa del futuro.

Cuentos Bonitos - El Administrador de los Sueños

Cada pueblo latinoamericano tiene sus historias arraigadas. El Cobrizo no es la excepción, cuenta la gente que todos los días al atardecer el loco “Ignacio”; subía por las escalinatas de acero oxidado del tinaco gigante, que abastecía de agua potable a los habitantes de aquella comunidad (hoy en desuso).

Nadie sabe ni cómo ni cuando llegó al rancho, solo apareció de la nada, de la noche a la mañana, divagando por las polvorientas avenidas de aquel prominente asentamiento.

Seguimos publicando más relatos y cuentos bonitos: El Administrador de los Sueños, es una historia reflexiva escrita por Juan Pablo Rivera Machado; que ha sido adaptada para ofrecerla en versión web.

 

Como era costumbre, diariamente “El loco” Nacho ascendía a la cúspide llevando consigo una caña de pescar; con un hilo especial transparente a los ojos del común denominador, una red de buen tamaño y un humeante cubo de lámina.

Nadie le impedía realizar esta extraña actividad, tampoco alguien se atrevía a preguntarle algo al respecto. Simplemente lo dejaban delirar tranquilo; al final de cuentas, no dañaba ni perjudicaba a nadie.

Cuando algún visitante o turista visitaba el pueblo en busca de aventuras, normalmente terminaba preguntándoles a los pobladores; quién era el “Loco de la caña de pescar”. Otros más atrevidos lo encaraban y él levantaba ambos brazos, haciendo raros ademanes y sin soltar su invaluable “equipo” decía:

«—Es muy difícil hacer entender a las personas comunes y corrientes sobre lo que hago, porque mi labor es demasiado importante para lo que están acostumbrados a hacer —hablaba destilando orgullo.

»—Yo, soy el que ordena y conduce adecuadamente el lugar y el rumbo de las estrellas; las cuales en realidad, representan los sueños de las personas que habitan en este planeta. Los sueños se convierten en ilusiones y estas últimas son el motor de la vida misma —expresaba con elocuencia.

»—Quien no tiene sueños; no tiene esperanzas, carece de rumbo y recorre entre penumbras los peñascos de la desilusión —exponía Ignacio, con un lenguaje único completamente ajeno; al que podría esperarse de cualquier mente perturbada.

»—Con esta red y con la caña sitúo correctamente cada asteroide, y el contenido del cubo me permite darle la intensidad luminaria a dichos astros; para que no se apaguen”. Al reordenar los sueños, pongo en sintonía las vibraciones cósmicas de los deseos. Cada ser humano es único e irrepetible, al igual que sus fascinaciones —remataba diciendo a pecho abierto el chiflado».

La gente que conocía al loco Nacho ni lo tomaba en cuenta, se acostumbraron a vivir con él y con sus formas extrañas de ver el mundo que cuando faltó nadie lo notó; hasta que empezaron a dejar de tener sueños bonitos para dar paso a pesadillas y ensoñaciones “en blanco”.

Con el paso del tiempo; la tristeza y la depresión llegaron a ese lugar y esta condición empezó a extenderse poco a poco hasta alcanzar poblados próximos y grandes ciudades.

Ignacio que había pasado a “otro plano”, podía mirar todo lo que ocurría en aquel pedazo de tierra que tanto amaba. Viendo con tristeza cómo se extendía la desilusión por el mundo, valientemente tomó la decisión de pedir una audiencia con el Ser Supremo. Era urgente que el Dador de “las llaves del sueño”, le permitiera continuar desde el universo, con la labor que en vida le fuera encomendada.

«—Pero, ¿Te das cuenta hijo de lo que me estas pidiendo?, esa gente ingrata nunca te tomó en cuenta, te pagaron con desprecios lo que de corazón les dabas y ahora ¿Quieres desde acá seguir sirviéndoles? La verdad no puedo negarte tan loable sentimiento; por ello, te concedo lo que pides; sin necesidad de que acudas ante “El Dador” —ordenó con lágrimas en los ojos el Omnipotente».

Desde ese día, Ignacio se convirtió en el vigilante universal de los que sueñan en la tierra. De noche, si volteamos al cielo; veremos cómo aparecen luces repentinas que rompen en dos el campo estrellado. Científicamente nos dicen que se trata de cometas o meteoritos, que rozan la atmosfera produciendo hermosos destellos.

Sin embargo los que conocemos esta linda historia, sabemos que ese espectáculo es en realidad el resplandor del hilo de la caña del “Loco Nacho”; que como todo buen pescador: sujeta, rescata, reacomoda y da fulgor a cada estrella; poniéndola en su lugar y otorgándole “gratuitamente” a cada persona sobre el orbe, uno de los mejores regalos del Altísimo: La Ilusión de Vivir.

Esperamos que haya sido de tu agrado este relato corto, el cual es una bella historia reflexiva que nos entrega excelentes enseñanzas de vida. Si te gustaría que siguiésemos publicando más cuentos bonitos en nuestro sitio, te pedimos que lo visites periódicamente y que nos ayudes a compartir nuestro contenido con tus familiares y amigos.

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