El Amor sin Dinero no es suficiente

TítuloEl Amor sin Dinero no es suficiente

Autor: José Manuel Busso; D.R. © 2013-2016

Categoría: Historia de Amor Corta

 

El relato que vamos a presentar a continuación es una historia de amor corta que vivió “Omar” en su juventud. Los nombres de los personajes son ficticios para respetar su identidad; esperamos sea de su agrado.

Dicen por ahí que “recordar es volver a vivir” y analizando con detenimiento esa frase tiene mucho de cierto.  Con esas palabras en mi mente, me quedé muy pensativo como “en otro planeta” al mirar a uno de mis hijos con su novia; al parecer muy enamorados o al menos eso se demostraban.

Ante aquella imagen de la joven pareja tan “feliz” mis pensamientos retrocedieron a través del tiempo y me llevaron a recordar una gran historia de amor en mi adolescencia, misma que no he podido olvidar a pesar de los años y que con nostalgia quiero relatar.  

Hará más de 20 años de eso; después de terminar la secundaria tuve que viajar a estudiar al estado de Michoacán, para ser exactos a la ciudad de Uruapan. Mi familia tan humilde, de campo y mi padre campesino; sin embargo su gran esfuerzo y apoyo fueron fundamentales para seguirme preparando.

Historia de Amor Corta - El Amor sin Dinero no es suficiente

Había decidido cursar una carrera técnica, para ello tuve que dejar a los míos allá en el estado de Durango pues debía concentrarme en los estudios y procurar no defraudar a mi familia. Bien sabía que existían muchas carencias en nuestro hogar y valoraba todo lo que estaban haciendo mis queridos padres en bien de mi formación profesional.

El Amor sin Dinero no es suficiente es una historia de amor corta basada en el relato real de “Omar” que fue adaptado por José Manuel Busso para publicarlo en masrelatosycuentos.

 

Mi viejo, en ese tiempo se dedicaba a sembrar como podía algunos surcos de maíz y frijol. Cómo olvidar que en vacaciones yo regresaba al “rancho” y le ayudaba a “tirar los granos” con la ilusión de tener al menos algo que comer en casa.

Me daba tristeza ver la pobreza de mi gente; pero a la vez me animaba todo el empeño que ellos le ponían para salir adelante. En aquel entonces mi papá se pasaba gran tiempo en el pueblito donde tenía su labor.

Mi mamá radicaba en otra localidad cercana; precisamente en ese lugar había terminado mi secundaria a donde fue necesario irse para seguir con los estudios de mis demás hermanos. Ella, también ponía de su parte, trabajaba para una familia de buena posición económica en los quehaceres domésticos.

En unas vacaciones largas cuando tenía 17 años, después de ayudarle a mi padre a sembrar, me fui a pasar unos días al pueblo donde estaba mi mamá. Era un poco más grande que el “rancho”, había más “movimiento”, claro sin dejar de ser un lugar rural. Quería convivir un tiempo con mi madre y mis otros hermanos antes de regresar a Michoacán.

Así fue, llegué a ese poblado; se veía bastante gente por sus calles, pues los vacacionistas habían regresado a sus “querencias”. En los principales lugares del pueblo se miraban cartulinas anunciando un baile, el cual se realizaría esa misma noche.

Podría decirse que era normal en esa temporada de descanso, pues las personas aprovechaban para hacer sus pachangas y con eso cualquier estrés que pudiera existir en ellos quedaría en el olvido.

Por supuesto y al fin joven, le avisé a mi mamá que iría a ese evento, de buena gana ella aceptó, me echó su bendición pidiendo que me cuidara; le prometí hacerlo y me dirigí al baile.

Desde que estuve en el primer año de secundaria, la suerte me favoreció con las chiquillas; ya había tenido dos o tres “noviecitas” y aunque parezca alarde tenía bastante “pegue” con las muchachas. Quizá eso me daba la confianza de acercarme a ellas y cuando alguien me llegaba a gustar hacía lo necesario para que lo supiera.

La música estaba muy buena pues la “Banda Pobreza” entonaba bonitas melodías, algunas parejas empezaban a encontrar el ritmo de aquellas canciones y varias muchachas esperaban que alguien las sacara a bailar.

Dirigí mi andar hacia donde estaban y con la mirada le avisé a una de ellas que la había elegido de compañera de baile en esa noche. No sabría explicar que pasó, al mirar sus ojos pude darme cuenta que pedía me acercara.

Me aproximé y le tomé su mano, luego la invité a bailar; entonces comprobé que no me había equivocado. Ella estaba dispuesta a brindarme la oportunidad de mirarla de cerca y conocerla un poco más.

Era tan bonita, tenía unos hermosos ojos, su cabello hasta el hombro, lacio y su copetito a la frente, sus manos cálidas y sus labios los más bonitos que había visto.

La tomé por la cintura y procuré acercarme a ella para preguntarle su nombre, con una linda voz que aún recuerdo me dijo:

—Me llamó Rosy, —respondió, para luego cuestionarme—. No eres de aquí verdad, no te había visto. ¿Cómo te llamas tú?

—Sabes… hace tiempo viví aquí; pero ahorita estudio fuera, mi nombre es Omar; gracias por aceptar bailar —le contesté mostrándome entusiasmado.

Los minutos transcurrieron y a medida que pasaba el tiempo, la noche se volvió más romántica. El grupo empezó a tocar canciones para enamorados y conforme avanzaban las horas todo se hizo más especial.

Al parecer, desde que nuestras miradas se cruzaron habíamos iniciado bien. Algo mágico sucedía, descubrí que era la primera vez que tenía esa sensación. Llegué a creer que era la mujer que mi vida estaba esperando.

Poco a poco, nuestros cuerpos se acercaron más, la tomé con las dos manos por la cintura y ella me echó los brazos al cuello. Sentí el palpitar de su corazón muy cerca del mío, parecía como si ellos quisieran decirse algo.

Con su respiración tan cerca de mí; descubrí que algo lindo estaba naciendo entre nosotros en esos instantes. Nos susurramos tantas cosas al oído, charlamos de ella, de mí y varios temas más. Terminamos siendo novios en aquella ocasión y sellamos ese gran momento con un beso abrazándonos con cariño.

Los días que faltaban para regresar a Uruapan se me hicieron cortos y aunque disfrutamos el mirarnos y convivir durante ese tiempo; desafortunadamente la fecha para partir se llegó.

La quería mucho y al parecer ella también me demostraba lo mismo; por lo que me fui queriéndola demasiado. Ya en la escuela le escribí cartas y me sentía tan ilusionado porque me las respondía.

Tenía grandes deseos de que pasara rápido el tiempo para volver a ver Rosy. Por fin llegaron las vacaciones de diciembre y regresé a mi tierra y en cuanto pude busqué a mi novia.

Nos miramos y abrazamos con mucho cariño, ahí me di cuenta que todo seguía igual

—Te extrañé mucho y me da gusto volver a verte —le dije.

—Yo también amor —me expresó ella.

—¡Sabes!… las vacaciones son más cortas; pero me encantará disfrutarlas contigo —le comenté.

Nos tomamos de la mano y de nuevo abrazados volvimos a reafirmar nuestro amor con besos y caricias.

Una semana después, mi padre había llegado a ese pueblo para visitarnos. Con él llevaba un costal de maíz por lo que conseguí una carretilla para ir hasta la carretera a su encuentro.

Íbamos rumbo a la casa muy contentos platicando; cuando de pronto miré a la dueña de mis pensamientos que paseaba por una de las calles del pueblo. Le dije a mi papá: «¡Espéreme tantito, ahorita regreso!»

Ahí, a corta distancia estaba ella y acercándome le saludé.

¿Para dónde vas?, ¿Quién es el señor? —me preguntó con cierto interés.

—¡Es mi papá! —contesté con gran orgullo.

—¿En serio, ese es tu padre? —cuestionó ella con incredulidad.

Al recordar esas palabras, todavía me lastima su actitud pues miré que dibujó una sonrisa burlona

—¡Así es, me da gusto que sepas quién es él!.

Aquella mujer se quedó por unos segundos seria y al abrir de nuevo los labios; fue para herirme profundamente con sus palabras pues dijo lo siguiente: «¡Pensé que eras de otras familias!». 

Entonces, la realidad me alcanzó; pude ver que ella dirigía su mirada hacia los huaraches de tres agujeros que traía mi papá, hechos de llanta y correas de cuero, típicos de la gente humilde en aquellos tiempos.

—¿Qué pasa? —le pregunté.

Entonces su verdadera personalidad salió a relucir y escuché algo que decía; entonces comprendí que ese hermoso sueño con ella se estaba desmoronando.

—Creí que no eras pobre, cómo dijiste que estudiabas fuera pensé que tenías mejor nivel de vida; pero por lo que estoy mirando no es así —me dijo con dureza.

Me dio tristeza al escuchar esas palabras y sentí una terrible decepción de aquella persona.

—¿Y entonces?… —le pregunté. ¿Por ser pobre ya no me quieres?, ¿Qué pasará con nuestro amor?

—¡Si te quiero…  y respecto a tu “famoso amor” solo te diré esto: «¡El amor sin dinero no es suficiente!».

Se dio la media vuelta y se fue dejándome muy triste y pensativo. Tuve que reaccionar rápido pues mi papá me estaba esperando. Desde aquel momento ya no supe más de ella.

Han pasado más de 20 años y aún recuerdo lo bonito y lo malo de aquella historia de amor. Es una mujer que no he podido olvidar, no sé si porque me lastima aún recordar lo superficial que se portó conmigo; o será que fue ella quien hizo sentirme enamorado por primera vez.

Lo que sí puedo expresar con alegría, es que hace mucho tiempo mi viejo usa unas buenas botas y que gracias a sus huaraches de tres agujeros me di cuenta del falso amor de esa muchacha.

Esperamos que te haya gustado esta historia de amor corta, la cual también nos deja una lección de vida. Si deseas leer más relatos románticos; entonces te hacemos la cordial invitación a seguir visitándonos.

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