El Zorrito Perdido

TítuloEl Zorrito Perdido

Autor: Versión Adaptada del Poema Nahuatl por José Manuel Busso; D.R. © 2013-2016

Categoría: Relatos de Amor Filial

 

Esta historia es una de las más hermosas fábulas cortas para niños que existen. Es un cuento sobre el amor de una madre que demuestra cuán inmenso y puro es el cariño materno. Sin entrar en más detalles aquí la presentamos.

Cierto día, mamá zorra con gran tristeza y preocupación recorría aquel desierto de condiciones poco agradables. El sol caía a plomo como queriendo derretir a cualquier ser vivo que se le ocurriera andar en ese lugar.

Eso no era impedimento, para que aquella desesperada mamá saliera de la madriguera, dispuesta a encontrar a su hijo. La noche anterior, el pequeño creyéndose todo un adulto se animó a separarse de ella para aprender a cazar; pero al no regresar y después de transcurrir algunas horas; la madre decidió ir buscarlo.

Relatos de Amor Filial - El Zorrito Perdido

No tenía idea de qué rumbo tomar para averiguar el paradero de su retoño. Así que se propuso preguntar a los animales que probablemente encontraría por el camino; tal vez, alguno de ellos le podría dar razón del zorrito.

El Zorrito Perdido es un uno de los más bellos relatos de amor filial que ha sido adaptado por José Manuel Busso para leer en versión online.

 

Caminaba sin dirección alguna, cuando de pronto miró a una serpiente de cascabel, que se disponía a entrar por un agujero para ponerse a salvo del tremendo calor y le gritó con gran fuerza antes de que aquella víbora se metiera a la guarida.

—¡Señora, Señora… antes de que se vaya, me podría decir por favor, si ha visto a mi hijo! Anoche salió de casa y no ha regresado; estoy muy preocupada y tal vez usted me pueda ayudar diciéndome si lo miró por casualidad en alguna parte.

Aquella víbora no era de buenos sentimientos y sin dejar de silbar soltó algunas palabras llenas de veneno.

—¡Pues no que los de tu especie son muy inteligentes!, ¡Veo que es pura fama todo lo que se dice de ustedes! y… por cierto ¿Cómo es tu hijo? —preguntó aquel reptil.

La madre dibujó una sonrisa y expresó:

—Mi hijo es muy hermoso, con pelo abundante muy lindo de color pardo rojizo, sus orejas firmes, muy grandes y sus ojos azules como el cielo. Es ágil y muy astuto además de ser veloz. Su pecho es plateado y su cola larga de pelaje esponjado, en sí; un bello ejemplar.

La culebra se quedó algo pensativa y soltando una carcajada le dijo en tono de burla.

—No he visto a alguien tan hermoso; así como lo describes, lo siento sigue con tu búsqueda.

La zorra al escuchar aquello, muy triste se dio media vuelta y se fue con la esperanza de encontrar a su querido hijo. Caminaba con la nariz muy cerca del suelo tratando de encontrar algún indicio que la llevara hasta el cachorro.

En eso estaba, cuando se dio cuenta que un coyote iba hacia ella en un plan poco amigable. Al mirar los afilados colmillos del animal que se acercaba, comprendió que su pequeño zorro se encontraba ante grandes peligros y decidió acelerar el paso para ir a buscarlo.

Luego de recorrer varios kilómetros observó a una paloma que se encontraba gorjeando entre las espinosas ramas de un ocotillo. Se acercó hasta donde estaba y con respetuosas palabras expresó:

—¡Disculpe que la moleste!, ando buscando a mi hijo, de casualidad ¿Usted lo ha visto?

—Amiga… necesitas mencionarme cómo es él, porque no sé quién es tu cría; sólo así podré decirte si lo he mirado o no —respondió el ave, después de quedarse pensativa por un momento.

En la cara de aquella madre se dibujaron signos de esperanza y agradecimiento.  Luego se apresuró a describir al zorrito perdido con los mismos detalles que le había dicho a la víbora de cascabel.

La respuesta de la paloma desafortunadamente fue negativa, la mamá le agradeció y con tristeza siguió su camino.

Luego de andar errante, en el camino encontró a un conejito, quien salió corriendo muy asustado pensando que sería el alimento de aquella señora.

—¡No huyas!, no te vayas… no te haré daño —gritaba la desesperada madre persiguiéndolo—. Sólo quiero hacerte unas preguntas, ando buscando a mi hijo y me sería de mucha ayuda que me dijeras si lo has visto por alguna parte.

—¡Ustedes, siempre nos quieren comer! —respondió el pequeño mamífero cuando creyó estar a salvo—. Pero para que vea que no soy rencoroso, le ayudaré si me es posible; para eso debe decirme más acerca de su hijo, es necesario que me lo describa y así… tal vez le podré decir si lo he visto o no.

—Tienes razón—contestó la zorra, quien luego dio la misma descripción que había proporcionado a la víbora y la paloma.

Aquel conejo se quedó muy pensativo y moviendo la cabeza mencionó lo siguiente:

—¡Mire!, si he visto a un joven zorro deambular por ahí, pero la descripción que me ha dado no corresponde en nada a lo que yo he mirado. Lo que vi es un ejemplar muy feo, hocico largo y caído, muy flaco, con los ojos hundidos, pelaje sucio y escaso, muy apenas se sostiene sobre él, parece que “camina de memoria”. Le pudiera decir más sobre él; pero no tiene caso ya que creo, no estamos hablando del mismo zorrezno.

—¡Ese es mi hijo, ese es mi pequeño que ando buscando, dime dónde lo puedo encontrar, por favor no dudes en hacerlo! —dijo la mamá zorra con evidente alegría.

—¡Está bien señora, si le voy a decir por dónde lo vi; pero antes quiero que me aclare por qué menciona usted que ese joven zorro es a quien busca; si la descripción que me ha proporcionado es tan diferente a lo que yo miré en realidad —expresó el conejito muy confundido y sin entender la situación.

Aquella mamá con dulzura en sus palabras dijo:

«El amor de una madre es inmenso, incondicional y para siempre; una madre por sus hijos es capaz de todo, hasta de enfrentarse al peor de los enemigos, a la vida y al mundo entero. Los hijos para una madre son lo más preciado, lo mejor que le puede pasar; por ellos daría la vida si fuese necesario; por eso ante los ojos de una madre no hay hijo feo, todos sus hijos son muy hermosos»

 

—Espero que esto sirva para que puedas decirme dónde encontrar a mi adorado hijo —expresó la madre amorosa al conejito.

Éste, contagiado de aquella sensibilidad de la mamá zorra, con gran comprensión le indicó el rumbo a seguir para que al fin pudiera encontrarse con su amado cachorro.

Si te gustan los cuentos cortos sobre el amor de una madre y quisieras disfrutar de más fabulas cortas para niños entonces no dudes en regresar a esta web en dónde podrás encontrar otras historias con moraleja.

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