Es Lo Justo

TítuloEs Lo Justo

Autor: Juan Pablo Rivera; D.R. © 2013-2017

Categoría: Cuentos Cortos sobre el Cuidado del Planeta

 

A través de los cuentos cortos sobre el cuidado del planeta; se busca despertar la conciencia del lector, acerca del daño que el hombre ha ido ocasionándole a la tierra. Esta historia ambientada en la “fantasía”, nos podría ayudar a ver con más claridad; que quizá todavía es tiempo de contribuir de alguna manera, para evitar la destrucción total de “nuestro hogar”. Sin más dilación y esperando que sea de su agrado; aquí se las presentamos.

Sucede ocasionalmente y se presentó aquel 27 de septiembre del calendario terrestre 2015. Ese día el Sol se despertó “indispuesto”, irritado, molesto consigo mismo, no sabía a bien explicarse por qué, pero la “sangre” le hervía quemándole las venas, hasta el más mínimo ruido o roce de algún errante asteroide bastaba para que los nervios se le pusieran de punta.

Era evidente que tarde o temprano “reventaría”, era cuestión de tiempo, él lo sabía; así que decidió pensar en cosas existenciales como la creación del universo, la teoría del Big Bang, la intensidad de los rayos ultravioleta, el problema de la basura espacial, cuantas sondas espaciales “achicharró” el mes pasado en fin, se creó un “universo alterno” para distraerse de su mal humor.

Cuentos Cortos sobre el Cuidado del Planeta - Es Lo Justo

Al presentarse el oscurecer terrestre, llegó su inseparable compañera: La Luna, quien educadamente y cantando le dio las buenas noches y le preguntó cómo había pasado el día. El gruñón como respuesta, soltó llamaradas enormes pero “el gran queso blanco” decidió no tomarle importancia y pensó:

 —Bah, ¿Y ahora a éste qué le pasa?

Es Lo Justo, es una historia original de Juan Pablo Rivera. En estos cuentos cortos sobre el cuidado del planeta, se busca despertar la conciencia de los lectores; para que ayuden de algún modo a proteger la tierra. Este relato se ha adaptado ligeramente para la versión online.

Posteriormente se preparó un sándwich al que graciosamente llamaba “Gravedad Cero”, se sentó un momento para comerlo despacio antes de empezar a trabajar.

Ya en las labores, se puso en contacto con su amiga de toda la vida; la Tierra, quien no perdió un solo instante para contarle del mal comportamiento del Sol y le dijo en voz baja:

—No le vayas a decir nada; pero todo el día estuvo insoportable, dejó caer toda su energía en mi pobre faz ocasionándome un sobrecalentamiento y con ello estresó la vida de todos mis inquilinos, en especial la de los seres humanos; que aunque son muy molestos y destructivos, aún los quiero.

Como “supernova” se dio la media vuelta, caminó unos pasos y se topó directamente con el astro rey para reclamarle airadamente.

—¿Pero, qué te sucede?, ¿Por qué arremetes tu coraje en contra de mi amiga?

—Tú sabes que me molesta mucho que abuses de tu poder y encima de todo que dañes a organismos ajenos a nuestros problemas.

El Círculo de fuego respondió molesto; pero sin perder los estribos.

«—Te equivocas mi querida esfera de plata, nadie es más culpable que los seres humanos de lo que le pasa a tu amiga la tierra, son ellos los que con su avaricia han dañado irreversiblemente el “maquillaje azul”, los pulmones, las arterias y el corazón mismo del planeta en cuestión.

»Si todo se mantuviera bajo las leyes universales, mis rayos no llegarían con tanta fuerza ni dañarían los sistemas de vida; pero es triste, los humanos no entienden, me he atrevido a sugerirle muchas veces a tu camarada que arroje de su cuerpo a tan nefasta plaga; pero ella insiste en mantenerlos, la verdad, no la entiendo tal vez sufre del famoso Síndrome de Estocolmo».

—Por favor no empieces —le reclamó iracunda La Luna—. Lo que pasa es que te sientes el Centro de la Galaxia, tu ego no te deja comprender la realidad de las cosas.

No hubiera mencionado la palabra ego, porque eso desató la furia de la “piedra de luz”, quien soltando improperios se lanzó contra su compañera; pero antes de que las cosas se pusieran más feas, la tierra se interpuso entre los dos defendiendo a su inseparable compañera.

El rostro de la Luna se tornó rojizo por la vergüenza; los embates del Sol duraron aproximadamente 5 minutos, después se fue apagando la fuerza de los reclamos, hasta que terminó cediendo y regresando a un estado de calma natural.

Con un admirable arrojo y valentía, la tierra había logrado una vez más poner las cosas en orden. «Después de todo es lo justo; ahora me tocaba a mí, en otras ocasiones, es mi amiga la que interviene cuando el Sol se me pone “grosero”». —dijo para sí, el tercer planeta del sistema solar.

Si te gustan los cuentos cortos sobre el cuidado del planeta; como el que hemos presentado, entonces te invitamos a leer más historias del medio ambiente; las cuales sin duda alguna, tienen como objetivo principal: el despertar de la conciencia.

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