La Mejor Mascota

TítuloLa Mejor Mascota

Autor: Pablo Aldana; D.R. © 2013-2017

Categoría: Cuentos de Animales Cortos

 

Los cuentos de animales cortos como el que a continuación presentaremos, abordan a manera de fábula; historias imaginarias sobre la vida de las mascotas. En este relato podremos encontrar enseñanzas o moralejas; que sin duda, nos ayudarán a analizar sobre lo que le hacemos a nuestros “peculiares” amigos. Sin más preámbulo aquí se los entregamos.

—Y bien ¿Cuál es la base de su demanda? —preguntó el Juez.

—Su señoría acuso a Fanny de engaño, alevosía y ventaja, ya que me vendió un ejemplar criollo como si fuera de buena raza —argumentó Daysi.

—¿A ver explíqueme más a detalle por favor? —intervino el Jurisconsulto.

—Mire, el día 30 de febrero del año 12087 publiqué en el diario “Trakala” un desplegado donde expresaba mi deseo de comprar una mascota de la mejor raza que existe en el planeta, el aviso decía algo así:

Compro ejemplar de raza pura, educado, fino, entrenado para casos difíciles,
Espero ofertas, favor de comunicarse al teléfono 555-666-777 con Daysi.

 

Cuentos de Animales Cortos - La Mejor Mascota

«—Al día siguiente se comunicó conmigo Fanny y me comentó que estaba de suerte porque en ese preciso momento tenía en venta a un hermoso ejemplar finamente entrenado, obediente, sagaz, hábil, que estaba desparasitado, contaba con todas las vacunas y con eso que muchos llaman pomposamente “pedigree”.

La Mejor Mascota es uno de los varios cuentos de animales cortos, que ha escrito Pablo Aldana. Esta fábula con moraleja, ha sido ligeramente adaptada con autorización de su autor; para su publicación en este sitio.

»Nos citamos en el parque central precisamente en el quiosco a las 10:00 horas, hasta allá llegó mi demandada sosteniendo una cuerda y del otro lado un collar anti mugre o no sé qué, que alegremente portaba un espécimen que dicho sea, me pareció original, auténtico tal como me lo había descrito la parte a la que ahora le reclamo.

»Cabe señalar que el “prototipo” venía con un holograma cien por ciento escaneable donde podía leerse a detalle su hoja de vida. Confiadamente procedí a cerrar el trato y finalmente fijamos el precio de la mercancía en Ð 3,500.00 (Tres mil quinientos dionz).

»Ahí mismo le pagué el importe en cuestión y quedamos hasta ese punto satisfechos. Sin embargo al paso de los días, me entró la curiosidad de investigar más sobre mi hermoso y fiel acompañante y que se me ocurre hablar al R.I.M. (Registro Internacional de Mascotas) les doy el número de identificación y resulta que me aclaran que en primer lugar no cuenta con un pedigree y que genéticamente procede de la cruza de dos razas, una considerada fina y la otra criolla.

»Pues bien, casi me quiero morir cuando me entero, ya que pagué una generosa cantidad por él y simplemente me habían estafado. Fue tal el impacto que sufrí, que caí desmayada en la alfombra, afortunadamente el personal de limpieza aún estaba en casa y ellos me auxiliaron y por si fuera poco me recomendaron entablar esta demanda» —externó molesta la querellante.

—Y entonces, ¿qué exige usted? —inquirió el Juez.

—La devolución total del dinero que pagué, además de una suma adicional de Ð 2,000.00 (Dos mil dionz) por abuso de confianza y para resarcir el daño psicológico que me provocó tal bochorno —expresó la ofendida.

—Perfecto, ahora ¿qué tiene que decir usted en su defensa? —cuestionó el Magistrado a Fanny.

—Expondré mi punto de vista del lado más sensible, tal como yo lo aprecio. —respondió la demandada.

«Hace tiempo que vengo luchando en contra de la discriminación, haciendo frente a la desigualdad de géneros y especies. Creo firmemente Su Señoría que este es uno de los casos más abominables de imposición de razas en menoscabo de las minorías, debiera darnos vergüenza de etiquetar a tal o cual mascota como fina o como corriente.

»Todos los especímenes de este planeta fuimos creados por Dios, no es justo denigrar a tal o cual ejemplar simplemente por su apariencia además y reconozco que yo tampoco me salvo, no debemos comerciarlos poniéndoles precio a estas bellas criaturas, creo que nos estamos humanizando, equivocando el camino para el que fuimos creados.

»Salgan a la calle y aprecien la diversidad de clases, que importa sin son criollos, finos, corrientes, de pedigree, de alta o baja escuela, lo importante es que todos somos una creación divina y por algo estamos aquí, dejemos pues, de etiquetarnos unos a otros creyéndonos superiores o mejores y trasladando equivocadamente ese sentimiento en las cosas que temporalmente poseemos y que creemos erróneamente que son de nuestra propiedad.

»Lleguen a casa y acaricien a sus mascotas, sea la raza que fuere, cuídenlas, agradézcanles su compañía y denle gracias también al omnipotente por todas las cosas buenas que nos da. Es todo lo que tengo que argumentarle al jurado. Su Excelentísimo, espero un trato justo y apegado a las buenas costumbres, a la sana convivencia, a las Leyes de Dios y a las del Estado».

—Tendremos un receso de 15 minutos para que el jurado delibere y posteriormente reiniciaremos —ordenó el Juez blandiendo un mazo en forma de hueso.

Al término del receso tomó la palabra Rommy para decir lo siguiente.

—A nombre de mis compañeros del jurado le daré lectura a la resolución:

«Se desestima en su totalidad la demanda interpuesta por Daysi en contra de la acusada y, por racista y por discriminación desmedida, se le condena a la Demandante a cumplir con 5 meses de trabajos forzosos en beneficio de la comunidad. Además, tendrá que cumplir con un curso de readaptación interpretativa de la realidad en la Escuela de Modales del Condado hasta que por convicción aprenda que todos los seres vivos somos invaluables, únicos e igualmente importantes».

Avergonzada Daysi bajó la cabeza, saltó del estrado, mientras que dos pastores alemanes la escoltaban hacia una de las celdas.

Fanny le pidió al juez hacerse cargo de la mascota mientras que Daysi cumplía con el castigo impuesto.

Al salir del Juzgado de Conciliación Canina, bajando las escaleras, estaba atado a uno de los árboles “Felipe” quien sonriendo y haciendo extraños ruidos saludaba a su antigua ama. Fanny soltó el cordón y acarició al que fuere su “humano” preferido.

Le dio unas palmaditas en la nuca, mientras que “Lipe” en señal de agradecimiento giró su cuerpo como remolino, Fanny movió la cola al tiempo que le daba una orden y se alejaban juntos entre aquel tumulto ocasionado por la prensa.

Moraleja:
Ojalá que esta historia nos haga reflexionar, sobre el trato que le estamos dando a nuestras mascotas y que pensemos que antes que nada, son seres vivos al igual que nosotros; por lo que también debemos quererlos y respetarlos.

Si te gustan las fábulas con moraleja; en nuestro sitio encontrarás más cuentos de animales cortos, que nos ayudarán a actuar mejor en el cuidado y protección de ellos y si estas historias bonitas son de tu agrado; no olvides compartirlo con tus amigos.

Comparte nuestros relatos y cuentos cortosShare on Facebook20Share on Google+0Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn0

2 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *