Un Viaje con Retorno… del Más Allá

TítuloUn Viaje con Retorno… del Más Allá

Autor: Juan Pablo Rivera; D.R. © 2013-2016

Categoría: Cuentos de Terror Inventados

 

A continuación les presentamos uno de los cuentos de terror inventados más interesantes que se han publicado en nuestra web. No sólo nos hace sentir miedo; también nos brinda excelentes mensajes de reflexión sobre la vida. Esperamos que sea de su total agrado; que lo disfruten.

En un sobre cerrado sin remitente alguien dejó en el buzón de conocido diario de la localidad, una misiva dirigida al jefe de redacción de la editorial y un boleto de ferrocarril.

Al abrirlo, Carlos Parral, Director en turno de la casa, se alegró por el contenido; se trataba nada menos que de una invitación para realizar un reportaje en un pequeño pueblo llamado Las Viñas ubicado al norte del país.

Casi 28 horas y más de 2,000 kilómetros lo distanciaban de aquel lugar, de inmediato pensó en enviar a su reportero estrella, ávido, sagaz, intrépido, irreductible; el trabajo lo ameritaba, no podían darse el lujo de entorpecer el privilegio y la confianza que ese “alguien” estaba depositando en el departamento que orgullosamente presidia.

El Diario “La Verdad”, con más de 100 años en el argot de la noticia, era considerado el “New York Times de uno de los países latinos más pobres, corruptos, ignorantes y sumamente religiosos del hemisferio.

Cuentos de Terror Inventados - Un Viaje con Retorno... del Más Allá

La gaceta gozaba de un prestigio ganado a base de sudor y lágrimas, había tenido que luchar por décadas contra las represalias de los gobiernos instaurados en un sistema totalitario que presumía de “Democrático” y que atinadamente fue llamado por un gran intelectual: La Dictadura Perfecta.

Un Viaje con Retorno… del Más Allá es uno de los varios cuentos de terror inventados por Juan Pablo Rivera. Esta excelente historia de miedo ha sido adaptada con permiso de su autor para ofrecerla en versión online.

 

Cuando Natanael cruzó por aquel túnel iluminado por “antorchas artesanales” se imaginó estar en medio de una revuelta de granjeros y amas de casa que con machetes, puntas, lanzas y aperos de labranza se disponían a castigar por propia mano a un par de ladrones que los tenían azorados.

En esos días, se estaba haciendo muy común entre la muchedumbre hacerse justicia por su cuenta ante la marcada indiferencia de las autoridades. El estupor del momento lo llenó de profundos pensamientos sobre “el yo”, “el ser”, sobre su existencia misma, hasta que el sonido agudo del silbato del tren, interrumpió sus cavilaciones.

—¡Primera Estacioooón!… —gritó el mayordomo del ferrocarril.

Eran las 4:00 de la tarde y aún faltaban muchas horas para llegar a su destino, se asomó ligeramente por la ventanilla del vagón para tratar de ver el lugar donde habían hecho la primer pausa.

Lo único que miró fue una destartalada casita de madera con un corredor pequeño pegado a las vías. Parecía una estación extraída de los cuentos norteamericanos del viejo oeste, el viento que arrastraba arena y arbustos secos, acompañaba “acertadamente” aquel paisaje para terminar formando una especie de pintura antigua del siglo XIX.

Pesadamente, el ferrocarril empezó a moverse de nuevo para proseguir su camino, aún quedaban 9 estaciones más para finalizar el recorrido. Natanael se dejó llevar por el ruido de aquel coloso provocado por la fricción de las ruedas de metal con los rieles de las vías.

Horas después cuando despertó, se percató que era el único viajante que quedaba a bordo del furgón “XI6990IX” que era precisamente la serie que indicaba el ticket en su poder.

«Tal vez, estamos por llegar a Las Viñas; dormí tan a gusto que perdí la noción del tiempo y de la distancia —pensó—. En cuanto vea a algún mayordomo le preguntaré dónde vamos».

Al mirar el vagón, se dio cuenta que éste lucía diferente, tal vez más viejo que cuando había subido, con acabados en madera que creyó no apreciar al abordar. La angustia del “viajero perdido” se apoderó de él cuándo revisó y comparó de nuevo el código impreso de su boleto con el del vehículo que lo transportaba, en la parte superior de la puerta de acceso se podía leer: XI0669IX.

«Una equivocación así, cualquiera la tiene —Intentó reconfortarse sin lograrlo».

Decidido a saber cuándo y dónde terminaría su viaje, el reportero abrió la escotilla del furgón para buscar al mayordomo, al maquinista o a alguna persona que le dijera exactamente dónde se encontraba y a dónde iba.

Lo que miró lo llenó de miedo, el pesado transporte sólo remolcaba la unidad en la que iba y “el furgón de cola”. Con sumo cuidado llegó al cuarto de máquinas tan sólo para aumentar sus temores, horrorizado vio que no había piloto alguno y que viajaba a la deriva.

La velocidad de la locomotora, el estridente ruido de las vías, la noche sin luna, la desolación y el no saber dónde se encontraba agravaban su condición humana acelerando su desesperación.

Convencido de que no era el mejor momento para dejar de existir, pensó en su hermosa novia, sus compañeros de trabajo, su familia. Los recuerdos le inyectaron valor y tomó la decisión de arrojarse de aquel “bólido” de metal que poco a poco tomaba más velocidad.

Subió por los peldaños de una pequeña escalera lateral para llegar al techo y caminar de lado opuesto a la máquina con la intención de descolgarse del “furgón de cola” cuando sorpresivamente, escuchó una voz que le devolvió el “alma al cuerpo”.

—Última paradaaaaaa —gritó el maquinista.

La marcha de aquel “titán metálico” disminuyó drásticamente, para “atracar” en la última estación. El mal tiempo y la incesante lluvia hicieron que Natanael corriera a toda prisa para internarse en la sala de aquella pequeña terminal.

Al cruzar el marco principal, quedó maravillado por la decoración de la estancia, en los techos y las paredes se apreciaban hermosos murales de estilo gótico. «Esto es otra dimensión —pensó». Posteriormente pidió lo que parecía ser un café en uno de los locales del lugar.

Un tipo extraño, de sombrero de copa, largo abrigo y guantes negros, lo esperaba inexpresivo, seco. Le dio la “bienvenida” para posteriormente conducirlo hasta un extraño carruaje jalado por musculosos caballos acomodados de par en par hasta llegar a 6 y en la punta, un séptimo ejemplar, como líder de la manada.

Se acomodó sin soltar el vaso de su café, hacía frío y la lluvia no paraba. “El   periodista”, se sintió relajado, el sólo hecho de que lo estuvieran esperando, le aseguraba que se dirigía al lugar correcto.

Kilómetros más adelante, el mal tiempo cedió y el conductor de la “diligencia” arreó con fuerza los caballos para dar vuelta a la izquierda por un camino de piedra. El panorama empezó a tornarse diferente, la delicada luz con marcados tonos rojizos le hizo creer a Natanael que estaba a punto de presenciar alguna puesta del sol; sin embargo, el astro rey no se apreciaba por ninguno de los horizontes.

El iris de los ojos del “cronista” se contraía y expandía producto del miedo que lo había invadido. No podía moverse, tal vez la sustancia que tomaba no era en realidad un simple café

Aún con todas sus confusiones y disminuido de sus facultades visuales, pudo percatarse que en el lugar donde antes reposaba un látigo ahora se encontraba una guadaña y que el extraño piloto vestía ahora una manta larga de color marrón, pero lo que en realidad lo llenó de terror, fue ver las manos y la cara completamente descarnadas de su acompañante.

Sin capacidades motrices y sin poder siquiera gritar o cerrar los ojos, “el corresponsal” imaginó ver en aquel timonel el rostro de la muerte que con voz áspera y autoritaria le decía:

—Ahora pasaremos por dos lugares sumamente diferentes entre sí, antes de llegar al sitio donde te corresponde vivir un eón.  

La claridad invadió el entorno y el vehículo cruzó por una zona sumamente colorida, donde hermosos árboles poblaban las verdes praderas. Un río cristalino rompía en dos el escenario y a mano derecha podía verse un bello castillo de color azul con un gran portón.

Una estación de “servicio” sobresalía a la orilla del camino, en ella podían verse personas vestidas con túnicas color perla que con una sonrisa  y una amabilidad que irradiaba paz, le indicaban la dirección hacia el castillo a los viajantes que descendían de otras carrozas igualmente jaladas por 7 equinos de larga crin.

—Debe ser el paraíso, el cielo —dijo para sí Natanael.

A medida que avanzaron el entorno se modificó, una espesa neblina invadió lo que antes eran verdes campos, haciendo difícil sostener la respiración, un “ensordecedor silencio” irrumpió la atmosfera y posteriormente la calma cambió, como si empezara una película.

Natanael miró lo que supuso eran almas atormentadas que se encontraban de rodillas suplicando con ruegos y cánticos absurdos, la absolución de sus pecados tratando de alcanzar equivocadamente el  perdón, adornando algunas imágenes y golpeándose el pecho con una piedra, mientras que otros espíritus separados del grupo principal igualmente rogaban a Dios, aplaudiendo y llorando tirados por el suelo cubierto de espinas rasgándose las túnicas  como si se encontraran poseídos por alguna entidad maligna.

«Posiblemente estamos pasando por alguna especie de purgatorio, puede sentirse la mala vibración, por la conducta equivocada de estas almas que en vida creyeron que hacían lo correcto —concluyó conscientemente el reportero, a pesar del miedo que sentía».

La espesa neblina dio paso a una cordillera enorme de volcanes activos que se erigían casi hasta tocar lo más alto del cielo, el calor sofocante y el terrible olor a azufre hacia casi imposible respirar.

Lo que ahí había no se podía decir que eran almas, apenas si podía notarse la figura grotesca de cada ente que rondaba como zombi la zona de fuego, los rostros de dolor, angustia, hambre, desolación y muerte eran el común denominador de aquellos seres espectrales.

El conductor jaló las riendas del carro y se detuvo abruptamente para decir:

—Hasta aquí llegaste, este es el sitio donde vivirás por un buen tiempo hasta que tu alma se preocupe honestamente por los demás y te nazca de corazón el espíritu de servicio que nunca tuviste en vida.

Natanael no recordaba haber hecho algo tan malo como para merecer estar ahí. Omitió analizar concienzudamente su conducta como “comunicador social”. Vanagloriándose de pertenecer al “cuarto poder”, arruinó la existencia de muchas personas omitiendo verdades y acentuando mentiras.

La responsabilidad de informar veraz y oportunamente siempre estuvo supeditada a lo que otros mandaban o decían; en vida, aceptó sobornos, regalos materiales y carnales así como un sinfín de beneficios y privilegios.

Desvirtuó a placer, el arte de servir a los demás olvidándose que los dones que se le habían concedido no eran producto de su astucia o de su habilidad sino regalos de un ser supremo.

Renegando por lo que creía injusto, tomó fuerzas de su desgracia y le arrebató las riendas a la muerte al tiempo que la arrojaba a un lado del camino. Arreó con poca destreza aquel transporte para caer de inmediato por un barranco. Podía escuchar el relinchar de los caballos y el estrepitoso ruido de la madera haciéndose pedazos, después… todo fue nada.

Natanael despertó en el patio de su casa mirando el mundo como si estuviera “boca abajo”, corrió para ponerse a salvo de lo que imaginó ser el ataque a pedradas de unos pandilleros.

Su instinto de supervivencia lo hizo subir por una de las ventanas para ocultarse en el tejado. Cuando sintió que todo estaba tranquilo de nuevo, bajó lentamente; pero algo en su comportamiento le decía que no estaba bien.

Pudo verse en el vidrio de la ventana; sin ser capaz de contener su dolor, ni sus ganas de llorar; su cuerpo lleno de pequeñas escamas, frío, transparente, su repugnante cola y sus prominentes ojos, le hicieron ver su terrible realidad.

Dicen que nadie regresa del mas allá, Natanael es la excepción a la regla, lamentablemente logró volver a este mundo con muchas limitaciones como para tratar de corregir su reprobable conducta.

Si te gustan los cuentos de terror inventados como el que acabas de leer; entonces no dejes de visitar nuestro sitio y compartirlo con tus amigos ya que seguiremos publicando más historias de miedo cortas que también pueden ofrecernos mensajes para reflexionar.

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