Viaje sin regreso

TítuloViaje Sin Regreso

Autor: Pablo Aldana; D.R. © 2013-2016

Categoría: Cuento de Amor Imposible

 

Esta triste historia que a continuación podrán leer; es un cuento de amor imposible, el cual confirma que el amar duele y en ocasiones destruye. Sin más preámbulos aquí se las presentamos.

La ciudad se extiende en una llanura sumamente fértil, cerca de un río de corrientes mansas que como una vena corporal, traza su ruta de la sierra hasta la playa. Llegué a esa población para terminar los estudios de preparatoria, ya que mis padres tenían como objetivo principal, trasladarse a otra urbe mucho más grande; pero antes, yo debía concluir el bachillerato, así que me dejaron en casa de un familiar para que continuara con la escuela.

En esa ciudad cambié algunos de mis hábitos y los fines de semana al caer la tarde, en compañía de mis parientes nos íbamos a la plazuela del lugar. El pequeño quiosco construido “tradicionalmente” en el punto medio de aquel centro recreativo, servía de fuente de sodas para mitigar el calor sofocante en los meses de verano.

Las campanitas del reloj de la iglesia repicaban continuamente avisándole a la gente que los minutos avanzaban. Del costado izquierdo de sur a norte de la plaza se encuentra el palacio de gobierno de aquel municipio.

Cuento de Amor Imposible - Viaje Sin Regreso

Esta construcción es una mezcla arquitectónica del México colonial y el contemporáneo. Representa a mi juicio, algo así como el eslabón perdido de una época y otra, donde no se puede definir el estilo a ciencia cierta, de lo que se construye.

Viaje Sin Regreso es un cuento de amor imposible escrito por Pablo Aldana que ha sido modificado ligeramente; sólo con el propósito de favorecer su lectura online.

 

Por una de las calles principales de lado sur de la plazoleta, podemos encontrar el edificio del Club de Leones en donde frecuentemente se realizan diversos festejos tales como: Quince años, bodas, bautizos, etc. Nunca había entrado a ese centro de bailes y fiestas, y algunos amigos, a sabiendas de eso, me contaban cosas impresionantes del lugar.

Antes de terminar el último semestre de bachillerato, a mis escasos 17 años, nos llegó la invitación para unos XV Años que habrían de celebrarse en el Club de Leones. Mis familiares estaban muy entusiasmados y rápidamente planearon que todos iríamos a esa fiesta. Por supuesto que yo estaba igualmente emocionado y no podía ocultar mi ansiedad.

Llegó el sábado esperado, y todos nos pusimos a “tono” vistiendo nuestras mejores “galas” para asistir al evento. Había demasiada gente cuando entramos al lugar y quedé perplejo con las luces del sonido y aquellas grandes bocinas que retumbaban fuertemente. La música “disco” estaba de moda, y la pista se llenaba de jóvenes moviendo el esqueleto a cómo podían.

Como era costumbre entre los muchachos de mi edad, caminamos por el perímetro del local para “echar un vistazo”, con la intención de localizar a las chicas lindas de la fiesta que en un momento dado quisieran bailar con nosotros.  

Digo “nosotros”, sólo para incluirme porque la verdad nunca lo había hecho y mi timidez me provocaba mucho temor ante la sola idea de pedirle a alguna muchacha que bailara conmigo.

Ubiqué perfectamente la silueta de una hermosa adolescente que junto con otras personas había asistido a la fiesta. Me sudaban las manos cuando en eso mi primo se acercó para decirme al oído: «Mira esa muchacha, te está mirando, invítala a bailar»

—¡Anímate!, está muy bonita —recalcó.

—Pero si yo… nunca he bailado —repliqué.

—Eso es lo que menos importa —continuó diciendo—. Mira toda esa gente nomás se mueve a lo “loco”.

La verdad no podría explicar cómo tuve el atrevimiento de ir hacia ella, después de tanto pensarlo. Pero ahí estaba frente a esa linda joven esbozando una sonrisa nerviosa, para pedirle que aceptara bailar conmigo.

Accedió de buena manera y me tomó de la mano para dirigirnos al centro de la pista. Posiblemente para ella, era lo más natural pero para mí era mi primer baile con una chica, la primera vez que una muchacha tan bonita me tomaba de la mano; estaba aturdido no tanto por la música sino por el momento.

Como algo que ya es clásico empezamos a mover semi-cadenciosamente nuestros pies al ritmo de la música disco; para después acercarnos demasiado con el fin de preguntarnos nuestros nombres, edades y donde vivíamos. También si estudiábamos; además de la escuela y grado en qué íbamos.

Connie con 17 años recién cumplidos, muchacha de piel blanca, silueta “menudita”. De cabello castaño claro un tanto largo y lacio, cuyas puntas reventaban en sedosos y perfumados espirales estaba ahí, conmigo; sonriendo siempre, dejándose llevar por el vaivén de una balada.

Previamente le había comentado que no sabía bailar y ella un tanto divertida me dijo que me enseñaría. Tomó mis manos y con delicadeza las puso en su estilizada cintura. Su ceñido vestido color perla acentuaba su bello cuerpo, hipnotizando a mis ojos con esa hermosa figura de mujer.

El tiempo voló, lamentablemente decidí sacarla a bailar muy tarde y la fiesta llegó a su fin. Nos despedimos con la promesa de volver a vernos en la plazuela un fin de semana; pero nunca sucedió a pesar de que acudí “religiosamente” puntual a aquel lugar.

Confieso que Connie me robó el sueño por muchas noches. Para mí, sin realmente llegar a serlo, fue mi primer amorAmor de adolescente, amor tonto de “un solo lado” de esos que te aturden y que te revuelven el corazón.

Han pasado ya muchos años y hoy, bebiendo sin medida y matando mi salud con el espeso humo de un cigarro, sin nada que ofrecer y ningún legado que heredar, acompañado de la flama de esta delgada vela y de este viejo perro criollo, doy fe de que aún conservo en mi mente lo que pasó aquella noche.

Antes de decir adiós, consciente de lo que hago y de lo que escribo, tomando este frasco de arsénico entre mis manos; me gustaría volver a verla. En este viaje sin regreso que pretendo hacer para terminar así con mi nada agraciada existencia, espero toparme con Connie en mi camino, aunque sólo sea de manera fugaz, por un instante, antes de que se nublen por completo mis recuerdos.

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